jueves, 10 de septiembre de 2009

Estanque con patos


Tras amenazar reiteradamente con pintar al aire libre, " plain air ". En francés suena como algo importante, hemos ido los abuelitos, el abuelito, que soy yo, mi esposa y mis nietos de cinco y seis años, por cierto los mas guapos del mundo, al parque cerca de mi casa. Mientras ellos jugaban, yo he pintado el estanque con la protesta de mi nieta y sus amigas por no poner los patos. No aparecen por el dibujo, por no haberlos recogido debido a las licencias del pintor - esto es mentira, pero lo he puesto por que suena bien -. Estoy moderadamente satisfecho con la pintura; las satisfacciones pictóricas las clasifico en: insatisfecho, moderadamente satisfecho y exultantemente satisfecho. La mayoría de mis pinturas se encuentran en los dos primeros grupos. Una pena.
Para pintar el cielo se tropieza con la pintura de los árboles, si utilizas pintura muy diluida se emborrona. Si quieres conseguir ese efecto de bordes borrosos azlo así, si no utiliza pintura espesa y con suficiente cantidad.
Sobre la calidad de las pinturas, me acuerdo hace unos años - a los abuelos siempre les pasan las batallitas en el pasado- que quería hacer una pérgola en el jardín y contraté a uno que puso publicidad en mi buzón.
Yo, palabra,estaba acongojado viendo como alzaba las columnas de ladrillo completamente torcidas. El tío debía considerar la plomada como un instrumento diabólico de los masones o algo así. Yo le vigilaba aterrorizado en el jardín sin atreverme a decirle nada.
¿ Alguién a osado alguna vez a decirle algo a un albañil ?. Yo creo que son peores que los taxistas. A mi me acongojan ambos. Un día me vio pintando y me dijo que él también pintaba y que traería fotos de sus pinturas. Ya había alzado tres columnas surrealistas de mi pérgola y me trajo las fotos al día siguiente. Al mostrarmelas se encontraba en la clasificación de exultantemente satisfecho con sus pinturas. ¡ Casi vomito !. Me apoyé con cuidado en una de las malditas columnas para no caerme, sobre todo por el temor de derribarlas. A penas podía respirar, al principio creí que el desgraciado me había provocado un infarto. No fue así afortunadamente. Pintaba igual que ponia ladrillos. Me preguntó que me parecían. Cuando recuperé el habla pude decirle: ¡ Qué bonitas !, qué bien estan.
Todavía tengo pesadillas cuando me acuerdo de las malditas pinturas. El tío no me preguntó que me parecía la pérgola. Claro, que yo habría contestado lo mismo.
Bueno, pues va, al día siguiente y me larga...
De esta hermosa batallita, se deduce una clara conclusión. ¿ Alguien la adivina ?

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